lunes, 4 de febrero de 2013

Recordar y tiempo

Recordar es el testigo más esclavizante y tortuoso pero más certero. Y es que es el único que te taladra siempre con lo mismo: "alguna vez tuviste lo que añorás ahora", por más de que sea un sentimiento; una sensación; un brote de plenitud que puede demoler al vacío que te crearon y te hicieron creer que podés entender y llenar con cualquier cosa del más allá de vos mismo que etiquetaron como normal; como convencional y necesario. Muchas personas con "mentes abiertas" son las primeros en negar que existe cierta presión social; o se creen revolucionarios por tratar de auto-convencerse de aceptar cualquier tipo de "adversidad" o anomalía. Si se tienen que auto-convencer de aceptar es porque realmente existe una presión social que hace que muchos traten de ser menos homogeneizados; más aceptadores; ""más amplios"" en cuestiones de asumir; adaptarse; aplacarse a cosas distintas a lo cliché... Pero hay que recordar que las presiones sociales no se acercan ni un poco a la verdad (todo es relativo) y que las respuestas a los vacíos que se sienten y no se llenan pueden estar dentro de uno; y no ahí afuera en el mundo de la cultura o de la normalidad; de la sucia rutina que hasta a veces parece no tan espantosa.
Recordar es testigo de que alguna vez ganaste algo y es testigo de que una rutina te gustó (tal vez una rutina de dos minutos, ¿quién dice que el segundo minuto no forma parte de una rutina al estar viviendo lo mismo que en el primer minuto?) ; de que alguna vez creíste que habías ganado; de que alguna vez te olvidaste de la fugacidad del tiempo para sentir y dejar de preguntar y comprender. A Recordar le gusta que no se pregunten demasiadas cosas ni se trate de comprender; porque si uno recuerda una plenitud, en esa plenitud; se destaca en éxtasis; un: "no importa nada más por ahora. Tal vez no haya nada por comprender".  Recordar es mucho más que tener memoria. Recordar es a veces dejar de vivir. Se recuerda más; se planea menos; entonces se vive menos. Una persona pierde un instante y la era moderna se ríe ante tanto poder que goza. Y así algo inventado puede influir en estados de ánimo; en el humor; en la preocupación de un ser por tan sólo ser un ser rodeado de invenciones; civilización y cultura. Porque "ya pasaron tantos días y yo todavía no consigo tal cosa" "pasó tanto tiempo y no me siento feliz" "faltan tantos días para tener esto". Eso destruye tu presente. Es un asco y repugna. ¿Por qué?. Porque el "tiempo externo"; algo que ayudó a organizar a una sociedad; al nivel productivo de una etapa; de un lapso en la historia; no hace más que desequilibrar a nuestros tiempos internos. No hace más que violar el respeto hacia nosotros mismos. El tiempo externo; el tiempo social; el tiempo inventado: tortura en el recuerdo; tortura individualmente; hace nacer preocupaciones; nos hace desequilibrar; preocupar; llorar internamente porque ""no respondemos"" a los tiempos de los demás. Al tiempo que la historia necesitó para decretarnos civilización antes que individuos. Ahora el tiempo ligado a las presiones  son la receta para no dejarnos crecer ni espiritualmente; ni libres. Aferrados a algo que no existe y nunca va a existir pero que tenemos que fingir que existe (el tiempo externo; ese del tic-tac) para que "funcionemos" como números; como piezas de un rompecabezas... somos obreros de un sistema llamado mundo que nos pesa y nos altera más que diez millones de agujas haciendo tic-tac al mismo tiempo.

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustó, sobre todo la frase "Ahora el tiempo ligado a las presiones son la receta para no dejarnos crecer ni espiritualmente; ni libres."
Inteligente, con pensamiento crítico, bellísima y de buen gusto cuando mostrás.
Si tuviera 10 años menos, o vos 10 más...

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