martes, 11 de octubre de 2016

Sobre la identidad y los estados anímicos en la post-modernidad

No sé cómo describirme ni cómo alguien puede atreverse a describir a alguien. No (me) sería tampoco fácil presentarme. Me horroriza que nos supongamos rasgos y características estables, como si fuésemos computadoras. La computadora, por cierto, invento de la humanidad, sufrió mutaciones a través de las distintas épocas. Si bien concibo que podemos cambiar nuestras características a lo largo del tiempo también padezco por saber que nuestro destino está signado por el carácter cambiante de rasgos que nos viven y que no nos atribuimos pero que simplemente aparecen dependiendo de la hora, minuto, lugar y personas de nuestro día.
Cuántas veces debemos haber tenido el atrevimiento de describir a alguien, como si aquello fuese posible y no un absurdo que necesitamos creer para no asustarnos y extrañarnos de las personas que creemos tener junto a nosotros. Intolerantes, irrespetuosos de la intimidad pretendemos creer que lo sabemos todo. Pretendemos creer que es posible abarcar y encasillar a la subjetividad. Pretendemos creer que lo que es una persona es lo que muestra la mayoría del tiempo, ignorando que éste último, además, es un constructo.
Siento que la descripción como verdad sobre una persona se funda en el miedo y el terror a asumir nuestra complejidad y múltiples facetas que se enlazan; se asustan y se apaciguan entre sí. Las más civilizadas y las más tranquilizadoras suelen ser las ganadoras del premio mayor: protagonistas, moldean nuestra identidad. Su función es hacernos creer que tenemos una. Y también, estas facetas cumplirán una función adaptativa, brindándonos las típicas excusas: "no sé qué me pasó, te juro" "yo nunca soy así". Pero sí. Podemos ser monstruos. Podemos ser terriblemente melancólicos. Podemos ser agresivos. Podemos sentirnos vacíos, incapaces de expresar mediante el lenguaje qué nos pasa cuando la identidad muestra, mientras se tambalea, que la mentira puede convertirse en la verdad. Porque el discurso hegemónico se transforma en eso: en la verdad. Hace un tiempo leí: “repite una mentira varias veces, así se convertirá en verdad”. Esta premisa nos atraviesa constantemente en la post-modernidad. Y sálvese quien pueda de no creer, o mejor dicho: de no querer creer. En definitiva, se gana tranquilidad en la enajenación. Como expresa el concepto de Zygmunt Bauman, vivimos en una modernidad líquida que consiste en ser plenamente cambiante y por sobre todas las cosas incierta. Sin embargo, seguimos fieles al concepto de identidad como una pseudo-esencia que en tanto supuestamente estable, es organizadora de nuestras vidas. Esta paradoja deja al descubierto y en carne viva nuestra fragilidad humana. O en términos menos dramáticos: nuestra necesidad imperiosa de adaptación para la supervivencia.
Diversos son los estados anímicos que pueden convertirnos en incapaces de mostrar ante otro ser el fiel reflejo de un estado que nos vive y nos consume. La desesperación entonces hace su aparición, aunque muchas veces silenciosa. Genera impotencia no poder expresar ante el otro porque no se encuentra una descripción para el estado interior que haga realmente viable un encuentro. Esto desemboca en otro vacío, que refuerza al original y que se traduce en un absurdo, estúpido "no sé qué me pasa".
En realidad es una frase bastante sabia, pues expresa que hay un algo interno, una putrefacción que resulta putrefacción por laberíntica, inaccesible, ramificada, escondida y sostenida en redes de pensamiento.
Pero por sobre todas las cosas es sabia porque es una experiencia privada, y es como si nuestra subjetividad, tomándola en cuenta,  pudiera apartarse de otras para no asustar, ser encasillada, violentada y en definitiva: transformada en otra cosa menos terrible y más tratable.


“Nuestros pensamientos comprimidos nos hacen benditos y desatan la tormenta”.

martes, 30 de diciembre de 2014

Así de pasajeros, "somos".

Para la Real Academia Española, plagiar significa copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. En la cotidianeidad, escuchar la palabra plagio respecto al ámbito artístico e intelectual es una cuestión común y también mediática, ya que los medios la visibilizan. Se denuncia por plagio y es recurrente escuchar que hubo “robo de ideas”, como si éstas fuesen una propiedad. Esto conlleva la idea de creación propia. Pero, ¿es posible hablar de creación propia o propiedad intelectual? ¿Qué habla en lo que cotidianamente se denomina y se conoce como creación propia?

Percia sostiene que en Pierre Menard, autor del Quijote de Borges está presente la idea de pensamientos que siendo los mismos son otros  o que siendo otros, son los mismos. Pierre Menard no quería componer otro Quijote, sino el Quijote verdadero, y sin embargo, no lo hizo desde una transcripción del original. No se proponía copiarlo sino escribir páginas que coincidieran con las de Miguel de Cervantes. Menard logra su objetivo ya que el nuevo es verbalmente idéntico al anterior. En este relato, la idea de plagio es desplazada por la idea de que todo hombre debe ser capaz de todas las ideas. Y de que en el porvenir, lo será.

Quizás, algo de esto quede evidenciado en la carta de Arthur Rimbaud a Georges Izambard en donde afirma “Je est un autre” (Yo es otro). Se afirma como extraño, extranjero. Más tarde, Hebe de Bonafini, presidente de la fundación Madres de Plaza de Mayo, expresa sobre los derechos humanos: “La vida vale vida. Y el otro soy yo”. Esto habla de la singularidad colectiva, ya que algo en el cuerpo social debe de vibrar para que un escritor, el 13 de mayo de 1871 y las Madres de Plaza de Mayo, en el siglo 21,  lleguen al mismo concepto. Lo colectivo como singularidad posible se presenta como figura que ocupa el lugar de sujeto. Percia destaca sobre la conferencia, ¿Qué es un autor?, que Foucault (1969) habla de un murmullo que sobrevuela la superficie de un tiempo social y de pensamientos que flotan y pasan de un cuerpo a otro, eligiendo una voz para salir de la boca de quien habla.

Sobre todo en el caso de Arthur Rimbaud y Hebe de Bonafini, no se podría hablar ni de plagio ni de creación propia, si no de una idea que se presenta como figura y que ocupa el lugar de sujeto, apoderándose de una disponibilidad. Sujeto desde la perspectiva de Percia, entonces entendido como disponibilidad que puede ser tomada. Como lugar para que algo lo ocupe. Como un quien que nace como soporte de distintas figuras que se crean a partir de las relaciones sociales y con el poder, y que hay que ubicar detrás de un discurso que emerge como verdadero. Éstas obran como sujeción y a la vez como libertad. Las figuras poseen pero dan la ilusión de que se es dueño de sí, de que se es dueño de pensamientos; de ideas; de pasiones; de miedos; de deseos; de enfermedades. Es decir: el yo se cree amo de su propia casa, pero detrás de ellas, hay un vacío a ser llenado. Este vacío es el que da lugar a pensamientos; ideas y emociones que no se ven como extranjeras o como lo extranjero en uno mismo, sino que se creen propias. Ellas están a la espera de disponibilidades para poder decirse, pero no pertenecen a nadie ya que no emanan de un yo que piensa, sino que el yo que piensa deriva por esos pensamientos que pueden producir entre otras cosas, arte.

El arte, también actúa como una figura que ocupa el lugar de sujeto formando sensibilidades en los cuerpos. El impulso de crear, sostiene Percia, se vive como si nos tuviera. Tanto hablar como crear generan la ilusión de un quién. Sin embargo, según Percia, habla una insistencia que se insinúa. En esta misma lógica entra la siguiente cita de Del Barco: “el autor apenas es el primer lector de algo que se escribe solo”. Spinetta, no se atribuía la posesión de las palabras y siguiendo en la misma línea que Del Barco, sugería que componer ocurría como un juego en el que el cuerpo actuaba de antena. Si es de este modo, determinada emoción o idea que actúe como figura puede presentarse en distintos cuerpos, ya que los cuerpos sólo las encarnarán. Sujeto solo entendido como superficie de pasaje. En este sentido, quizás se podría comprender mejor a los fenómenos de masas como cuando una oleada de fanáticos va a un recital y se emociona con la misma canción: afirma Percia que no se emociona la persona, lo que es llamado yo, sino que la figura que se aloja en el lugar de sujeto, es la emoción. En esta situación, como opina Spinetta, los cuerpos actúan como antena.

La dimensión problemática del asunto podría ser pensar en términos de propiedad como si las figuras emanasen y fueran naturalmente de uno mismo, tomando a la idea de un sí mismo no como ficción. Nietzsche planteó que aunque algunos errores sirven en un mundo en donde no se sabe cómo pensar la vida, no hay que olvidar que son ficciones, y que éstos, que resultan ser “errores útiles/ vitales” se transforman en inútiles cuando se vive esclavo de ellos.
Percia afirma que es la ilusión de un ser y de un sí mismo la que se modela en los hablantes que se consideran artistas de lo único. Tal vez se olvida o subestima que la intersubjetividad que implica a la interacción, es la condición por la cual la mismidad está hecha de otredad. La siguiente cita de Esther Díaz, podría ser una guía para reflexionar sobre la obra en la actualidad: “el autor, desaparece ante su obra, no existe como sujeto pues su obra se construye en el cruce de partículas materiales, temas, exterioridades, relaciones entre lo micro y lo macro e interacciones entre lo consciente y lo no pensado, multiplicidades que interactúan para lograr una obra que comprendemos como entidad”. Pensar la experiencia de lo otro como extraño en uno derrumba la ilusión de unidad.

Así de pasajeros, "somos".


Bibliografía
·         Percia, M. (2014) “Sujeto fabulado I: notas”. Ediciones La Cebra, Buenos Aires.
·         Madres de Plaza de Mayo. (2014, 23 de septiembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 22:33, octubre 18, 2014 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Madres_de_Plaza_de_Mayo&oldid=77142962.
·         Borges, Jorge Luis (1941). Pierre Menard, autor del Quijote. En Ficciones. Editorial Alianza. España, 1998.
·         Real Academia Española. (2001). Plagiar. En Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Recuperado de http://lema.rae.es/drae/?val=plagiar

·         Díaz, E (2007). Entre la tecnología y el deseo. La construcción de una epistemología ampliada. Buenos Aires. Biblos

sábado, 16 de agosto de 2014

"voy pateando mi cordura, voy quemando mi claridad"

La tarde de domingo se subleva para hacerte pensar fuera de foco
Duele pero puja la necesidad del amor-odiar(te) una vez más. 
Tarde que se subleva para hacer pensar fuera de foco
Todo es relativo y sin parámetros como necesidad
Tan cerca de vos mismo te encontrás. Lugar en donde el deseo encarna al escapar
Carne desesperada por arder y a la vez por ser roca, agua, cielo, no-ser
Arte y creación bailan durante la sublimación
Asfixia la incertidumbre cuando abraza
A los gritos callados uno va exigiendo compasión (¿a quién?. no sé)
En el afán y artificio de querer controlar la marea se van perdiendo facetas
como cuando el mar arrastra sin cesar
En el afán y artificio de querer controlar la marea:
ríe, viene y lleva por si acaso no te hallaba lo suficientemente despierto.
Allí viene,
la desesperanza cruda 
Allí viene
ansiosa por encontrarte desencontrado.
(la ambigüedad quiere y no quiere gritar 'nunca más'. Es el anzuelo de la melancolía del mundano.-)

viernes, 25 de abril de 2014

Días

Otra vez suspirando contra la ventana,
otra vez y en el reflejo veo mi nada.
Y no sé por qué pero esta vez ni me pregunto por qués.
Y a esto no se lo lleva el viento,
y no se lo lleva el tiempo.
Otra vez,
algo.
Y tal vez disfrazado de un mambo diferente al de ayer.
Días en los que el espíritu rebalsa
días en los que duelen los no finales que otros tantos días se añoran
Días en los que arde ser humano 
Días en los que los pensamientos sienten para que te acuerdes de que estás vivo
y un poco muerto, también

martes, 25 de marzo de 2014

naufragando

Se trata de esconder el alma
terriblemente golpeada
escupe sangre
escupe letras
escupe "no pudo ser"
Escupe
Se rinde
Siempre es la esclavitud ante el olor nauseabundo de adaptación
¡Que pase el civilizado!
Y con muchas náuseas va
Absorbiendo. Va.
Las espinas de la radio
las espinas de algún chiste
las espinas de algún comentario
las espinas de una maldita explicación que parece coherente
pero que no, no. No lo es
las espinas de no soportar la incertidumbre
las espinas del azar que se asfixia
las espinas de una cabeza hecha cubo
las espinas del conocimiento opresor
las espinas de las ideas que crees propias y no son
las espinas de los ecos
las espinas de apurarse
las espinas de no saber escuchar al poema que espera a ser escrito
las espinas del rápido olvido
las espinas de la música sin espíritu
las espinas de descartar lo bello pero no productivo
las espinas de las flores ignoradas
las espinas de unos juegos sin infantes
las espinas de no poder explicar lo que se siente; lo que atormenta y rompe en pedacitos
las espinas de la corrupción
las espinas del mercado
las espinas de algo escrito en una pared
las espinas del golpecito que das con la pierna ansiosa siguiendo al compás del tictac
las espinas de lo vulgar
las espinas del análisis superfluo
las espinas de la naturalización mundana
las espinas de la hipocresía
las espinas de querer guardar esa nostalgia cruda en uno de tus bolsillos
Se van clavando brutalmente las espinas del hombre moderno
Si se logra conservar una esencia va chillando cuando puede
Va respirando de a ratitos como un náufrago que grita por si acaso alguien pasa por ahí,
para salvarlo.

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