lunes, 25 de noviembre de 2013

20 años no es nada (algunos días)

Día de sol. O de lluvia. Pero hoy el día me gusta. La banalidad sirve. Sirve para andar, es que hay que descubrir; y por algo se empieza. Me conduce a un puente que me conecta con algo mejor. Qué ganas de salir a pasear; de mirar los adoquines; de asimilar lo que otro día no pude entender, y de sonreír mientras encuentro que alguien escribió lo que me costó (cuesta) aceptar. Lo convirtió en un laberinto bastante interesante. Y lo interesante no duele tanto. Hoy el día es lindo, por eso "costó"; por eso hoy soy esto o, soy esto (hoy) por eso el día es lindo. Hoy me encuentro en el sol; la lluvia; las flores; y las calles. En hojas; en un lápiz. En cualquier pieza del universo me parece que soy. Me parece que algo de sentido tengo. No pienso en un lugar mejor; en realidad hoy me parece que le siento el gusto al no sentido que tal vez es lo que me hace creer que tengo sentido. Hoy lo sin sentido es tolerable. Disfruto su sabor como un misterio que empuja; como la curiosidad que carcome a cualquier infante para deslumbrarlo. Y paso por aquel carrusel de la plaza y hago dos pasitos con salto, parecidos a esos de la rayuela. Tal vez vivir es jugar; y jugar es incertidumbre; pero hoy.
Hoy el día es gris. Y en contraste con los lindos que supe conocer, éste me transforma en Seymour Glass. Veo al mundo como cuatro paredes de ecos y teorías; y al mismo tiempo veo al mundo como inabarcable; como prisionero de toda estructura; de toda teoría; de toda curiosidad humana que lo quiere aplastar para no tener que cargar con la pesada mochila de la incertidumbre. A lo mejor escribo esto porque estoy en una jornada de psicoanálisis; a lo mejor no. Mejor no formular más teorías e hipótesis. Hoy no quiero formar parte de lo que a veces me asquea. En estos días mejor no hablar de ciertas cosas; en estos días mejor no organizar al azar. Acaso les da más seguridad?. Seguro que sí, y por eso yo también los leo. Para mi propia calma. A veces tengo mucha sed y necesito cerrar un poco algunas cicatrices que pesan como diez mil kilos. De todos modos, estaba escribiendo sobre los días grises. (la chica de al lado mira mi hoja, no la mires y no te preocupes: no estoy escribiendo sobre lo que dicen. No te perdiste de nada de lo que están diciendo. No estoy escuchando las jornadas, porque hoy es de esos días en los que no me sirve el blahblahblah. sabes? hoy no me encuentro por ninguna parte).
En los días grises me parece que comprendo al mundo y quizás lo terrible es eso, lo más terrible es eso: que comprendo que no hay nada que comprender. Y hoy esa parece ser la única verdad; la terrible. Comprendo al mundo como una biblioteca inmensa cuyos libros largan ecos que te pueden matar y sin embargo, a veces te logran salvar; y llenar. Y armar. Pero hoy lo único que escucho (te juro) es blahblahblah y por más que haga esfuerzo no puedo evitar considerar a una hoja en blanco, sagrada. Hoy al azar o al vacío no lo quiero escuchar disfrazado de nada y sin embargo lo encuentro en todas las putas partes. Y de diversas formas. Me pregunto si estar atado a una teoría no es también ser religioso. Pienso "ah sí, qué ridiculez" hasta que otro día algo de eso me hace sentir tan bien que me encanta ser una ilusa (más). "Qué ridículos"?; tal vez es envidia; tal vez me odio; tal vez quiero poder creer todos los días. Tal vez me odio por hoy no encontrarme así. 
Ahora me siento hipócrita aplaudiendo y escribiendo al mismo tiempo esto. Es que no sé qué día soy. Ojalá alguien me lo dijera; y lo creyera todos; todos los días. Brindenme otra teoría que me quiera salvar pero asegurense de que esté conmigo cada vez que me despierte.
Por ahora soy una combinación de los días que describí;  y por eso voy; y por eso vivo. La vida es un constante leer entre líneas, sólo que hay que comprender, que a veces leer entre líneas significa aceptar un abismo. 

"Vi todos los espejos del planeta, 
y ninguno me reflejó".

1 comentario:

Mariano Rulet dijo...

Muy bonito el texto. Y sí, estar atado a una teoría es ser religioso. Y peor aun es estar atado a algo que caduca. Desde qué pensamos y analizamos San Telmo, Buenos Aires en 2013, ¿Desde alguien que nos muestra forma para interpretar la Europa del SXIX? No hay que atarse a nada, atarse no significa que no iremos a caer en el abismo. Al contrario, nos abre otro abismo. La vida creería que no es leer entre líneas, es redactar tus propias líneas. Yo no me reflejo en nada, tampoco busco hacerlo, ¿Para qué lo necesitaría? Tal vez nosotros los fantasmas no tenemos reflejo: Buuuuu!

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