martes, 30 de diciembre de 2014

Así de pasajeros, "somos".

Para la Real Academia Española, plagiar significa copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. En la cotidianeidad, escuchar la palabra plagio respecto al ámbito artístico e intelectual es una cuestión común y también mediática, ya que los medios la visibilizan. Se denuncia por plagio y es recurrente escuchar que hubo “robo de ideas”, como si éstas fuesen una propiedad. Esto conlleva la idea de creación propia. Pero, ¿es posible hablar de creación propia o propiedad intelectual? ¿Qué habla en lo que cotidianamente se denomina y se conoce como creación propia?

Percia sostiene que en Pierre Menard, autor del Quijote de Borges está presente la idea de pensamientos que siendo los mismos son otros  o que siendo otros, son los mismos. Pierre Menard no quería componer otro Quijote, sino el Quijote verdadero, y sin embargo, no lo hizo desde una transcripción del original. No se proponía copiarlo sino escribir páginas que coincidieran con las de Miguel de Cervantes. Menard logra su objetivo ya que el nuevo es verbalmente idéntico al anterior. En este relato, la idea de plagio es desplazada por la idea de que todo hombre debe ser capaz de todas las ideas. Y de que en el porvenir, lo será.

Quizás, algo de esto quede evidenciado en la carta de Arthur Rimbaud a Georges Izambard en donde afirma “Je est un autre” (Yo es otro). Se afirma como extraño, extranjero. Más tarde, Hebe de Bonafini, presidente de la fundación Madres de Plaza de Mayo, expresa sobre los derechos humanos: “La vida vale vida. Y el otro soy yo”. Esto habla de la singularidad colectiva, ya que algo en el cuerpo social debe de vibrar para que un escritor, el 13 de mayo de 1871 y las Madres de Plaza de Mayo, en el siglo 21,  lleguen al mismo concepto. Lo colectivo como singularidad posible se presenta como figura que ocupa el lugar de sujeto. Percia destaca sobre la conferencia, ¿Qué es un autor?, que Foucault (1969) habla de un murmullo que sobrevuela la superficie de un tiempo social y de pensamientos que flotan y pasan de un cuerpo a otro, eligiendo una voz para salir de la boca de quien habla.

Sobre todo en el caso de Arthur Rimbaud y Hebe de Bonafini, no se podría hablar ni de plagio ni de creación propia, si no de una idea que se presenta como figura y que ocupa el lugar de sujeto, apoderándose de una disponibilidad. Sujeto desde la perspectiva de Percia, entonces entendido como disponibilidad que puede ser tomada. Como lugar para que algo lo ocupe. Como un quien que nace como soporte de distintas figuras que se crean a partir de las relaciones sociales y con el poder, y que hay que ubicar detrás de un discurso que emerge como verdadero. Éstas obran como sujeción y a la vez como libertad. Las figuras poseen pero dan la ilusión de que se es dueño de sí, de que se es dueño de pensamientos; de ideas; de pasiones; de miedos; de deseos; de enfermedades. Es decir: el yo se cree amo de su propia casa, pero detrás de ellas, hay un vacío a ser llenado. Este vacío es el que da lugar a pensamientos; ideas y emociones que no se ven como extranjeras o como lo extranjero en uno mismo, sino que se creen propias. Ellas están a la espera de disponibilidades para poder decirse, pero no pertenecen a nadie ya que no emanan de un yo que piensa, sino que el yo que piensa deriva por esos pensamientos que pueden producir entre otras cosas, arte.

El arte, también actúa como una figura que ocupa el lugar de sujeto formando sensibilidades en los cuerpos. El impulso de crear, sostiene Percia, se vive como si nos tuviera. Tanto hablar como crear generan la ilusión de un quién. Sin embargo, según Percia, habla una insistencia que se insinúa. En esta misma lógica entra la siguiente cita de Del Barco: “el autor apenas es el primer lector de algo que se escribe solo”. Spinetta, no se atribuía la posesión de las palabras y siguiendo en la misma línea que Del Barco, sugería que componer ocurría como un juego en el que el cuerpo actuaba de antena. Si es de este modo, determinada emoción o idea que actúe como figura puede presentarse en distintos cuerpos, ya que los cuerpos sólo las encarnarán. Sujeto solo entendido como superficie de pasaje. En este sentido, quizás se podría comprender mejor a los fenómenos de masas como cuando una oleada de fanáticos va a un recital y se emociona con la misma canción: afirma Percia que no se emociona la persona, lo que es llamado yo, sino que la figura que se aloja en el lugar de sujeto, es la emoción. En esta situación, como opina Spinetta, los cuerpos actúan como antena.

La dimensión problemática del asunto podría ser pensar en términos de propiedad como si las figuras emanasen y fueran naturalmente de uno mismo, tomando a la idea de un sí mismo no como ficción. Nietzsche planteó que aunque algunos errores sirven en un mundo en donde no se sabe cómo pensar la vida, no hay que olvidar que son ficciones, y que éstos, que resultan ser “errores útiles/ vitales” se transforman en inútiles cuando se vive esclavo de ellos.
Percia afirma que es la ilusión de un ser y de un sí mismo la que se modela en los hablantes que se consideran artistas de lo único. Tal vez se olvida o subestima que la intersubjetividad que implica a la interacción, es la condición por la cual la mismidad está hecha de otredad. La siguiente cita de Esther Díaz, podría ser una guía para reflexionar sobre la obra en la actualidad: “el autor, desaparece ante su obra, no existe como sujeto pues su obra se construye en el cruce de partículas materiales, temas, exterioridades, relaciones entre lo micro y lo macro e interacciones entre lo consciente y lo no pensado, multiplicidades que interactúan para lograr una obra que comprendemos como entidad”. Pensar la experiencia de lo otro como extraño en uno derrumba la ilusión de unidad.

Así de pasajeros, "somos".


Bibliografía
·         Percia, M. (2014) “Sujeto fabulado I: notas”. Ediciones La Cebra, Buenos Aires.
·         Madres de Plaza de Mayo. (2014, 23 de septiembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 22:33, octubre 18, 2014 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Madres_de_Plaza_de_Mayo&oldid=77142962.
·         Borges, Jorge Luis (1941). Pierre Menard, autor del Quijote. En Ficciones. Editorial Alianza. España, 1998.
·         Real Academia Española. (2001). Plagiar. En Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Recuperado de http://lema.rae.es/drae/?val=plagiar

·         Díaz, E (2007). Entre la tecnología y el deseo. La construcción de una epistemología ampliada. Buenos Aires. Biblos

2 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

He disfrutado con tu reflexión que, de matute, me ha traído esa mítica frase de las cartas de Rimbaud, que he manejado a menudo como santo y seña propios.
Hay abundante material escrito sobre la otredad, pero no seré yo quién abunde en el tema. Entre otros motivos, por que ignoro si yo soy yo, otro, o nadie, nada.
Abrazos, siempre

Jorge Ampuero dijo...

Apreciaciones subjetivas ante realidades concretas o es que el arte literario o poético nos convierte en simples plagiarios de realidades ajenas al hablar de nuestros propios laberintos interiores?

Un abrazo.

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